EL CÍRCULO CROMÁTICO Y EL COLOR DEL AURA

El círculo o la esfera en geometría sagrada simboliza el inicio de todas las cosas, es la forma geométrica receptora de la Creación y en su interior contiene TODO para que la creación se de perfecta y completa. 

Paradójicamente, simboliza el vació pero en su interior está TODO. Sin principio ni fin, portadora de la chispa divina de la creación, de ella parten todos los sólidos platónicos y es la forma que representa lo femenino por excelencia. En su centro, también hay otra esfera, esta más pequeña y mucho más luminosa, que es el centro de la esfera, el origen de TODO.


Si visualizamos el Círculo Cromático, en su centro está el color blanco, y si en meditación observamos el centro de nuestro corazón o en el centro de nuestro cerebro, en su centro, brilla la Luz Crística Sagrada y Divina De Dios, o de la Corriente Sagrada de Energía Universal de la que todos formamos parte, esa Luz brilla en un blanco puro e inmaculado, libre de todo color. O mejor dicho son todos los colores y ninguno al mismo tiempo. Es un blanco brillante y transparente, que sin ser cegador, resplandece como ningún otro tono de blanco. Es ese blanco al que asociamos con el halo de la Divinidad que rodea a la deidades religiosas. Partimos de estos dos centros para explicar la información que compartieron conmigo mis Guías Espirituales y que canalicé en Conexión Divina.

  

Centrando nuestra atención en el centro del círculo cromático y/o de nuestro corazón debemos visualizar un movimiento hacia el exterior, a medida que nos alejamos del centro, donde reside el equilibrio interior sagrado que todo ser anhela, van apareciendo los diferentes colores que definen la individualidad de cada ser que al mismo tiempo nacen de la misma fuente o vientre divino. Pero si visualizamos cada vez más hacia fuera del círculo cromático y/o del halo que rodea nuestro campo de energía, los colores se vuelven oscuros, sin brillo.


Lo más bonito de todo esto es que los colores primarios no son cuatro ni cinco ni dos, son TRES: rojo, azul y amarillo. Estos colores son aquellos que no requieren la mezcla de ningún otro para ser creado, son en sí mismos un color propiamente dicho y sin embargo representan un número divino por excelencia. El número 3 ha marcado en muchas culturas y religiones los puntos centrales o ejes de sus creencias, como por ejemplo, la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, el Trisquel celta, que simboliza la vida, la muerte y la resurrección.




Los tres colores primarios (ROJO, AZUL Y AMARILLO, actualmente magenta, azul cyan y amarillo limón) también están cargados de simbología divina y no es para menos. 


El ROJO. El rey de los colores según Goethe. Siempre ha simbolizado a la energía masculina, ya que es el color de la fuerza, la actividad, la acción y la agresividad, y en muchas culturas, representa el amor, entre otras muchas definiciones, además de estar vinculado al elemento fuego. Es el color de las pasiones. Muchísimos nombres masculinos provienen de la palabra rojo. Los propios egipcios lo utilizaban en sus obras para diferenciar al hombre de la mujer. 


EL AZUL simboliza la energía femenina, es apacible, pasivo e introvertido e indica amor al orden y está vinculado al elemento agua. Es el color de lo espiritual. De azul se han pintado históricamente las Vírgenes y Deidades femeninas en muchas culturas.  Como en el color rojo, de la palabra azul, así como los nombres de plantas azules, han derivado en nombres femeninos. Como podemos discernir, estas dos energías son complementarias, lo que uno tiene al otro le falta y viceversa. Por ello, cuando tienden a mezclarse surgen nuevos colores.


De hecho, el que actualmente asociemos los colores azul y rojo en sentido contrario, se originó en torno a 1930, pero esta costumbre está empezando a desaparecer y volviendo a sus orígenes milenarios y místicos.


¿Pero que ocurre con el AMARILLO? Sobre este color Vicent Van Gogh escribió que “en todas partes hay tonalidad como la del azufre, el sol se me sube a la cabeza. Una luz que, a falta de expresiones mejores, sólo puedo decir que es amarilla, de un amarillo azufre pálido, de un amarillo limón pálido. Es bello el amarillo”. Es el color de la iluminación y claridad mental. En diferentes religiones el amarillo ese sinónimo de inteligencia e iluminación. Dios se representa simbólicamente con un triángulo amarillo, normalmente con un ojo central, símbolo de la omniscencia y la omnipresencia del Ser que todo lo ve. EL que está presente en TODO Y TODOS.


Así describe Eva Heller a estos colores en su libro “Psicología del Color”. Ed. Gustavo Gili. 2004.


Por lo tanto, el amarillo simboliza la chispa divina que hace “la magia” para que las combinaciones dadas entre los tres colores sean perfectas y se manifiesten en todo lo que vemos, como Dios. Esto se asemeja a la Vesica Piscis, dos círculos que se entrelazan sin superponerse y el espacio que surge de su unión es el centro y origen de un equilibrio místico y maravilloso. El espacio que forman juntos es el inicio de toda creación. 


Por ello, los colores los asociamos a emociones y nos trasmiten emociones, en muchos casos, tantas y en un grado tan variable como combinaciones tiene el círculo cromático. Todos conocemos expresiones como: “se puso rojo de ira”, “se puso verde de envidia” o incluso el azul se asocia, en ocasiones, con la tristeza, por ejemplo, en inglés, se utiliza la expresión “I’m feeling blue”, para decir que nos sentimos tristes.


Una vez dicho todo lo anterior,  podemos entender el funcionamiento del círculo cromático y observar el color que más se asocia con nuestro estado de ánimo, investigar qué composición tiene el color que vibra con las emociones que en ese momento invaden nuestro sentir e investigar sobre su relación con nuestras emociones.




 

Es importante tener en cuenta que mientras nos salgamos “hacia fuera” de esta tríada, los colores se volverán menos definidos y más oscuros porque aquí entra en juego el color negro, antagonista del blanco, que es el centro. Esto no es baladí, pues mientras más hacia fuera vivamos, o dicho de otro modo, mientras más desconectados de nosotros mismos vivamos, más nos perdemos en emociones angustiosas, más desequilibrio interior existe, mayor desconexión con nuestra verdadera esencia y consecuencia de esto va desapareciendo la Luz (el blanco) de nuestro corazón. Por eso nuestra aura modifica sus colores en función de nuestras emociones  y estados de ánimo y los manifiesta y son visibles para aquellas personas sensibles que pueden ver los colores de nuestro campo energético. Siguiendo este razonamiento, si en ocasiones nos sentimos demasiado tristes o desanimados, estamos seguramente vibrando en un azul oscuro o sin brillo, quizá sería interesante vestirse con prendas anaranjadas para contrarrestar y equilibrar la emoción. Eso sí, poniendo conciencia.


Desde aquí enlazamos con los colores secundarios del Círculo Cromático. Estos colores surgen al mezclar dos colores primarios:


1. NARANJA:  Rojo+amarillo

2. VERDE: amarillo+azul

3. MORADO: rojo+azul


Estos colores también son muy significativos y tremendamente simbólicos, pues contienen en equilibrio la esencia de los colores primarios con los que han sido obtenidos. A grosso modo, el naranja es el color de la diversión y sociabilidad, ya que en su interior tiene armonizados el rojo y el amarillo. El verde es el color de la naturaleza, el equilibrio y la salud e inconfundiblemente de la vida, en su interior combina el amarillo y el azul en justo equilibrio. El morado, al igual que los anteriores, también es una combinación mística, pues la unión del rojo masculino y el azul femenino, nos elevan hacia lo Divino, la unión mística, por eso utilizamos el morado para simbolizar lo sagrado y la transformación, y también la paz.


¿Pero que ocurre si uno de estos colores secundarios tiene más proporción de un color primario que de otro? Pues aparecen los colores terciarios, esto surge al mezclar el color secundario con uno primario. Aquí es donde hablamos de rojo-anaranjado, violeta-rojizo, azul-verdoso, verde-amarillento…etc. Por ejemplo, un aura rojo- anaranjada, puede indicar una personalidad muy creativa, vigorosa y entusiasta, pero debemos observar si todo eso va unido a un exceso de agresividad y control. Con lo cual, optar por trabajar con el color azul, apaciguará nuestra energía y calmará nuestra mente. 

Pero, ¿por qué uso el azul y no otro color? Aquí es donde entran los colores complementarios, aquellos que se encuentran uno en frente de otro dentro del círculo cromático, y que hacen que su contraste sea máximo porque “complementario” significa que cada uno de los colores no contiene nada de su compañero, por lo tanto son opuestos absolutos. Es decir, que si estoy triste y me “siento azul”, usaré el naranja, que me aportará energía y entusiasmo.

Es importante tener presente que esto no es estático pues cada persona vibra de forma diferente y única. Por la tanto averiguar que color te hace sentir mejor, es algo personal y que es mejor hacerlo con una persona que te guíe en la terapia.


En definitiva, cuando pensamos que la solución a nuestros problemas está en un factor externo (negro), y no dentro de nosotros mismos (blanco), entramos en un desequilibrio energético afectado por nuestras emociones. Por lo tanto, debemos poner el foco en nuestro diálogo interior,  en la voz que nace de nuestro corazón, seguir nuestra intuición, pues es ahí, en el centro blanco e inmaculado donde TODO ES. 


Si estas interesado en saber los colores que te rigen o cómo pueden ayudarte los colores y los mándalas en tu crecimiento y desarrollo personal, te invito a conocerme y preguntar sin compromiso a través de las redes sociales de Facebook e Instagram buscádome como @marosanarteterapia o poniéndote en contacto a través de la página web Centro LUZ o simplemente envíame un email o escríbeme un mensaje vía WhatsApp. 



El Amor, mejor con color.

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